Comunicación presentada en el

XXI Congreso Internacional de Vexilología
Buenos Aires – 2005

 

LA BANDERA DE BARCELONA 1991-2005

Sebastià Herreros i Agüí

 

 

Adolfo Durán presentó en el XIV Congreso Internacional de Vexilología, Barcelona – 1991 una muy completa comunicación sobre “Las banderas de Barcelona” (1) en la que analizaba a través de sus 92 páginas y 166 ilustraciones todos los acontecimientos vexilológicos relativos a nuestra ciudad, desde el origen de los primitivos símbolos hasta las propuestas de nuevas banderas para los barrios de la ciudad y desde las banderas representativas de la ciudad hasta las de clubs deportivos e incluso las banderolas distintivas que en un tiempo utilizaron los tranvías de la ciudad.

 

Adolfo concluía su presentación de 1991 con las siguientes palabras:

 

“Ya redactado y compuesto el presente estudio me llega la noticia no confirmada (enero de 1991) de que existe un principio de acuerdo entre los distintos grupos políticos del Ayuntamiento para que la próxima Carta Municipal defina escudo y enseña. La opción elegida sería de cuatro barras por cuartel, paralelas al asta de la bandera, según la propuesta de Armand de Fluvià y el modelo aprobado por la Associació Catalana de Vexil·lologia.

Opinable o no, resultará un tanto sorprendente a los ojos de los barceloneses durante un tiempo. Pero, al fin y al cabo, la polémica quedará cerrada: y ese será su mayor valor“.

 

Esta esperanza de consenso no se cumplió inmediatamente. No será hasta abril de 2004 cuando se alcance la unanimidad tan anhelada y después de que hayamos visto pasar entre 1996 y 2004 cuatro banderas oficiales, una de uso festivo e incluso una versión balcón. En siete años y medio es casi todo un record seguramente sólo comparable a la docena de banderas de Afganistán entre 1973 y 2004.

 

Antes de entrar en el tema de la comunicación lanzaremos una mirada atrás para analizar el origen de los símbolos ciudadanos.

 

Los símbolos existen cuando un grupo humano siente necesidad de identificarse frente a otros de forma clara e inequívoca. ¿Cuándo sintieron los ciudadanos de Barcelona esta necesidad?

 

Barcelona, capital del condado de su nombre, sufrió en al año 985 el saqueo, incendio y destrucción de las tropas musulmanas capitaneadas por Al-Mansur. Este trágico suceso y la falta de apoyo de la monarquía franca dio pie al conde la Barcelona, de Girona, de Ausona y de Urgell, Borrell II (947-992), para independizarse definitivamente de los francos y afianzar su poder dominando los terrenos comprendidos desde el Valle de Arán hasta el Cabo de Creus en el línea pirenaica y desde Elna al rio Francolí por la costa.

 

El siglo XII presenció el gran avance de la ciudad en todos los sentidos; institucional, comercial, jurídico y ciudadano. La recopilación hacia 1150 de los Usatges de Barcelona y las condiciones de Pau i Treva proclamadas por el abat Oliva, sostienen el crecimiento. La estructura de poder mantiene el esquema tradicional: El Conde ejerce su autoridad a través de una asamblea de magnates, el Veguer ostenta el poder judicial y el Batlle asume la autoridad municipal con funciones administrativas y fiscales.

 

Una estructura pre-municipal se había perfilado ya en los siglos X y XI configurada por un consejo asesor de prohoms o ciutadans honrats que, como asamblea consultiva presidida por el Veguer, le ayudaba en sus trabajos y poco a poco va desplazándole. En la ciudad de Barcelona los cargos de Veguer y Batlle coincidían en la misma persona y la acumulación de temas a tratar por el Veguer-Batlle va confiriendo cada vez más poder a la asamblea de ciudadanos que empieza a actuar como un embrión de gobierno municipal.

 

Durante el siglo XIII se continuó afianzando la potencia económica y comercial de la ciudad y de sus instituciones. En 1227 el rey Jaime I (1208-1276) otorgó a la ciudad el “Acta de Navegación” por la que se prohibía a naves extranjeras cargar mercancías en el puerto de Barcelona mientras hubiera naves catalanas disponibles. En 1230 la Ciudad obtuvo la libertad de comercio con Mallorca en recompensa por haber ayudado al rey en su conquista con la aportación de barcos, soldados y dinero. Lógicamente estas naves tanto comerciales como guerreras necesitarían signos propios de identificación; ¿adoptarían entonces la cruz patea?

 

La cruz es ciertamente el símbolo más antiguo que aparece en las monedas barcelonesas del emperador carolingio Luis el Piadoso (+ 840); no obstante, el símbolo de la cruz es habitual en la moneda carolingia y aparece en prácticamente todas las monedas acuñadas en los territorios de la Marca Hispánica

    

Barcelona

 

      

Empúries                                       Roses

Monedas carolíngias del emperador Luis el Piadoso (814-840)

 

También la “Santa Cruz” es la titular de la seo barcelonesa. El símbolo más antiguo representativo de una autoridad de la Ciudad que se conserva en la actualidad es el sello del Veguer de 1261; en el reverso de este sello aparece la cruz patada (o patea) con cuatro puntos en los cuarteles que delimita la cruz y en el anverso un castillo que podría representar su autoridad o simplemente la ciudad (2)

 

Sello del Veguer de Barcelona (1261)

 

Hacia 1232 la Ciudad recibió del rey los Usos i Costums del Mar, núcleo del futuro Llibre del Consolat de Mar. En 1238 participó en la conquista de Valencia con 11 galeras y 300 hombres a caballo. En 1258 el rey concedió a la ciudad las Ordinacions de la Ribera de Barcelona por las que pudo nombrar cónsules en otras ciudades del Mediterráneo; en pocos años Barcelona llegó a tener más de 50 representaciones consulares. El Museo de Historia de la Ciudad exibe un mapa de la situación de estos consulados en tiempos de Pedro IV donde cada ciudad viene simbolizada por su bandera. El mapa fue realizado en 1929 por el heraldista Fèlix Domènech i Roura, hijo del insigne Lluís Domènech i Montaner (3)

 

 Consulados de la ciudad de Barcelona en el Mediterráneo

 

Llega el momento de configurar definitivamente el gobierno de la ciudad. El 7 de abril de 1249, Jaime I dispuso la formación de un consejo de cuatro prohoms denominados Paers (conocemos sus nombres: Galceran de Lacera, Jaime Girart, Berenguer Durfort y Arnau Sanahuja) que podían ser asesorados por ocho ciudadanos, formando entre todos una asamblea ciudadana. A los tres meses, el 27 de julio de 1249, Jaime I permitió que estos 4 Paers, asesorados por los 8 Consellers, puedieran elegir a sus sucesores entre los ciudadanos considerados prohoms el día de la Ascensión de cada año. Y, por fin, el 24 de enero de 1257, Jaime I reorganizó nuevamente el gobierno de la ciudad substituyendo los cuatro Paers por ocho Consellers  y los ocho ciudadanos de la primitiva asamblea por un Consejo estable de doscientas personas (en 1265 pasarán a ser cien: El Consell dels Cent Jurats). Esta asamblea de 1257 eligió un Conseller en Cap de Barcelona, Ponç d’Alest, y estableció un modelo de gobierno de la ciudad que, con las lógicas modificaciones, ha continuado hasta la actualidad.

 

El símbolo más antiguo que representa a la Universitat o Consell Municipal de Barcelona es el sello que cuelga del Pacto de Olorón (4), de 28 de enero de 1289, en el que la Ciudad sale valedora del rey Alfonso II el Franco frente al rey de Inglaterra, Eduardo I, para el rescate del conde de Provenza. En el sello aparece la cruz patada flanqueada en cada cuartel por un escudete de las armas reales.

 

Pacto de Olorón (28 enero 1289)

 

Poco después, en el primer tercio del siglo XIV, ya se configura el símbolo ciudadano en escudos cuartelados de cruz y palos. Así aparece en la lápida de la fundación de la iglesia de Santa María del Mar, de 1329 y en dos sellos municipales también del s. XIV.

 

 

 Lápida conmemorativa de la fundación de Santa María del Mar (1.329)

 

  

 Sellos municipales. Siglo XIV

 

De época similar conocemos las pinturas que decoran los muros del castillo de Alcañiz en las que se relata la conquista de la ciudad de Valencia (9 de octubre de 1237); detrás del propio rey Jaume I aparece un caballero vestido de lo que aparentemente podría ser “Barcelona”, si bien con el orden de los cuarteles invertido. El Armorial de Salamanca de Steve Tamborino redactado entre 1516 y 1519 podría desvelar la personalidad del acompañante de Jaime I. Seguramente se trata del conde de Besalú, ya que sus armas coinciden exactamente con las del caballero de las pinturas murales de Alcañíz. Sólo existe un fallo en la cronología: en 1237 el conde de Besalú era el propio monarca, ya que a la muerte de Bernat III en 1111 el condado pasó a su suegro Ramón Berenguer III, conde de Barcelona

 

Pinturas murales del castillo de Alcañíz (1290 - 1375)

 

  

Escudo del conde de Besalu en el Armorial de Salamanca (1516 – 1519) de Steve Tamborino

 

El 4 de julio de 1345 ocurrió un hecho singular que ha quedado plasmado en un documento: El rey Pedro IV el Ceremonioso concedió a la Ciudad, a petición expresa de consellers y prohoms, que sus heraldos utilizasen un bastón con anilla de plata “marcada con nuestro signo y el signo de la ciudad” (5). Aunque el documento no describe la forma de partición de los dos signos, parece evidente que el Ceremonioso aprobaría el signo que desde hacía más de 15 años venía utilizando el Consell Municipal de la ciudad.

Privilegio del rey Pere III a la ciudad de Barcelona (4 julio 1345)

 

A partir de 1400 los escudos que se reproducen en fachadas e interiores de los edificios municipales siempre presentan la disposición cuartelada de los dos símbolos, manteniendo la cruz en los cuarteles 1 y 4, y los palos (en número adaptado al gusto del artista) en los cuarteles 2 y 3.

 

 

 Escudos de Barcelona el la “Casa de la Ciutat” (c. 1400)

 

Fachada de la “Casa de la Ciutat” (1.401)

Fuente de Santa María del Mar (1402)

 

¿Y las banderas?  Por ser elementos construidos con materiales perecederos, nos tendremos que contentar con analizar las descripciones, nunca suficientemente detalladas, y las imágenes que las reproducen. En nuestro caso, encontramos imágenes de la bandera de Barcelona en los márgenes de los dietarios de la Ciudad y de la Generalitat, y en los portulanos.

 

En los dietarios encontramos tres imágenes concentradas en un corto espacio de tiempo: 1457 (7), 1462 (8) y 1468  (9). Las dos primeras encabezando la host ciutadana (milicia de la ciudad) para dirimir por la fuerza pleitos que la afectaban. La de 1468 aparece al relatar la anécdota de la caida de la bandera desde las bóvedas de la catedral donde se custodiaba. En los tres casos la imagen reproduce la misma bandera cuartelada, abocinada al vuelo, con los palos del escudo transformados en fajas horizontales y ciertamente, con una indefinición en cuanto a su número. Las imágenes son de pluma pero no cabe duda acerca de los colores.

 

1457

1462

 

1468

 

En cuanto a las imágenes de la bandera de la ciudad que iluminan los portulanos, presentamos 30 ejemplares de un período que abarca desde 1339 hasta 1641. En un análisis rápido podríamos destacar las imágenes del mapa de Angelino Dulcert de 1339 y del Atlas Catalán de Cresques Abraham y Jafudà Cresques (padre e hijo) de 1375 que reproducen una bandera idéntica a la que más tarde veremos en los dietarios de la ciudad. La imagen del Pizigani de 1367 (reproducida por Siegel y Neubecker) presenta el formato de las banderas de ciudades italianas, formato que nunca fue utilizado en Barcelona. A partir del siglo XV las banderas −con un par de excepciones− son rectangulares, siempre cuarteladas (excepto la de Domingo de Villarroel de 1589) y alternando palos y fajas en número variable (1, 2, 3 y hasta 4) probablemente adaptado al pequeño espacio de los dibujos. Estas imágenes no son de códices miniados sino símbolos prácticos para que los marinos reconozcan el puerto al que arriban. En conjunto, seguimos con el mismo modelo de bandera establecido a principios del siglo XIV. No deja de ser curioso que en ningún caso aparezca ninguna bandera con la imagen de Santa Eulalia (o de San Cataldo); cabe pensar que, o bien los autores de los portulanos solo se dedicaban a copiarse unos a otros, o que los barcos de la Ciudad siempre utilizaron banderas cuarteladas.

 

1339 Angelino Dulcert

 

1367 Pizigani

 

1375 Cresques Abraham

 y Jafudà Cresques

1439 Gabriel de

Vallseca

1468 Pere Rossell

 

   

1500-1550 nn

1500 Juan de la Cosa

1508 Pietrus Russus

1533 Joan Salvat de Pilestrina

1535 Jacobus Russus

 

1538 Bartomeu Olives

1563 Jacobus Russus

1563 Mateu Prunès

1564 Jaume Olives

c. 1565 nn

 

1565 Juan Martines

1566 Jaume Olives

1570 Juan Martines

1571 Jaume Olives

 

c. 1575 nn

1577 Juan Martines

c. 1580 Bartomeu Olivo

1582 Joan Oliva

 

1589 Domingo de Villarroel

1592 Joan Oliva

1597 Vicenç Prunès

1600 Vicenç Prunès

 

1600 Francesc Oliva I

c. 1640 Miquel Prunès

1641 Giovanni Battista Cavallini

 

En las portadas de diversas ediciones del Llibre de Consolat de Mar podemos ver naves enarbolando la enseña ciudadana. La edición de 1502 nos muestra una bandera de Sant Jordi rectangular; la de 1539 una bandera de Sant Jordi farpada y en la de 1592 podemos ver, además del escudo del propio Consulat de Mar, un barco que enarbola bandera y gallardetes de lienzo monocolor (probablemente blanco) con las armas de la Ciudad.

1502

1539

1592

“Llibre de Consolat de Mar” s.XVI

 

En la Biblioteca Episcopal de Vic se conserva un manuscrito (Ms. 180. Inv. 7086) titulado “Historia de los movimientos y separación de Cataluña y de la guerra entre la Magestad Católica Don Felipe el Cuarto, rey de Castilla y Aragón, y la Deputación General de aquel Principado” escrito por Francisco Manuel de Melo en 1645, que describe los hechos presenciados por este historiador y militar portugués al servicio de Felipe IV durante los dos primeros años de la Guerra dels Segadors (1640-1652). En esta obra se incluyen tres hermosas láminas: un vaixell rodó con bandera y gallardete de las armas de Barcelona; un navío en actitud de saludar a un barco inglés, con bandera y gallardete de Cataluña y una galera con banderas y flámulas de color rojo que indicaban que en el navío se habían impuesto castigos importantes.

 

“Vaixell rodó”

Navío

Galera

Navíos catalanes de la “Guerra dels Segadors” (1640-1652)

 

Se conoce como Guerra dels Segadors al levantamiento secesionista catalán contra el rey de España Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares. Fue liderado por Pau Claris (1586-1641), canónigo de la Seu d’Urgell, diputado del brazo eclesiástico y presidente de la Generalitat. En el contexto de la guerra, y ante la promesa incumplida por Francia de proteger una República Catalana libre, la Generalitat proclamó conde la Barcelona a Luis XIII de Francia, el 23 de enero de 1641. A su muerte, en 1643, le sucedió el Rey Sol, Luis XIV, conde de Barcelona hasta 1652. Tanto Luis XIII como Luis XIV acuñaron moneda en Barcelona, manteniendo los modelos de Felipe IV que prerentan en el reverso el escudo de la ciudad sobre aspa de Santa Eulalia.

Monedas de Luis XIII y Luis XIV de Francia, condes de Barcelona (1641-1652)

 

De 1681 es una pintura conservada en el Museo de Historia de la Ciudad en la que bajo el título “Apoteosis Heráldica” se reproducen con detalle las armas de los territorios de la Corona de Aragón.

 

“Apoteosis Heráldica”

 

Comentario aparte merece la bandera de la ciudad que conocemos como Bandera de Santa Eulàlia. Adolfo Durán en su comunicación al XIV CIV dedicó más de 4 páginas al análisis de esta bandera. Cierto es que el asta de la bandera tradicional, la cuartelada, fue rematada con una imagen de plata de Santa Eulalia; también lo es que la misma bandera se custodiaba en la catedral colgada sobre las escaleras que bajan a la cripta de la Santa, por lo tanto, es lógico que esa bandera fuera conocida como la bandera de Santa Eulàlia; pero también es cierto que la imagen bajó al lienzo (11) y que desde 1588 hasta 1714 la bandera de la Ciudad fue carmesí con la imagen de la Santa acompañada de escudos y ornamentos. Es probable que el cambio fuera influenciado por la religiosidad de la época y por la bandera votiva de la Santa que se custodiaba en la Catedral desde 1339 (12). Queda pendiente el estudio en profundidad de las banderas de la seo barcelonesa que podrían aportarnos nuevos datos. Entre las varias descripciones de una de estas banderas citaremos la que nos proporciona Jeroni Pujades en su Dietari (13), cuando describe detalladamente la procesión del 24 de mayo de 1601 dentro de los festejos de la canonización de Sant Ramon de Penyafort:

“Seguia, tras de assò, la bandera que’s diu de Santa Eulàlia, la qual és de tafetà carmesí molt gran ab orlas pintadas de or y plata y en lo mig la figura de la dita santa, y dos insígnies, la una de la Ciutat y la altra del Capítol, y al cap de el asta un bell image de la santa fet de plata sobredaurada del qual cap de asta cauen dos cordons de seda carmelina y ora ab bellíssims flochs en la fi.”

 

  

Diferentes propuestas de diseño de la “Bandera de Santa Eulàlia” (1558-1714)

 

Reconstrucción actualmente en uso

Posible centro de la bandera de Santa Eulalia conservado en el Museo de Historia de la Ciudad

 

También están documentadas banderes de camp de Santa Eulàlia utilizadas en las campañas militares de 1588 contra Tortosa y en la salida en socorro de la villa de Perpinyà durante la Guerra del Rosselló de 1639.

“Bandera de camp de Santa Eulàlia” (1588)

 

Coetánea con el sitio de Barcelona en la Guerra de Sucesión tenemos la descripción de la bandera de Santa Eulalia que nos proporciona Francisco de Castellví, capitán de la Coronela de la Ciudad:

“El dia 24 de Julio [de 1713] con la acostumbrada ceremonia copioso concurso fue sacada en público la antiquísima y tan renombrada Bandera de Sta. Eulalia Patrona de Barcelona…

Fue elegido en esta ocasión Alferez de ella Dn. Juan de Lanuza y de Oms Conde de Placencia, Vizconde de Rueda y de Perellos por que se hallava Presidente o Prector del Estado de la Nobleza: y la Ciudad resolvió formar un Batallón de 1000 hombres para la guardia de la Bandera: la sobredicha era a modo de un Pendon poco mas grande que un estandarte de los que hoy husa la Caballería y Dragones era de Damasco carmesí a la una parte estava la Imagen de Santa Eulalia a la otra la de un caliz con una hostia y una lema que decía: Ex urge Deus judica causam tuam.”

 

Las dimensiones de esta bandera no coinciden con la imaginería popular que relata estos hechos que probablemente mezcla las imágenes de las diferentes banderas de Santa Eulalia: civil, militar y religiosa.

 

La bandera de Santa Eulàlia en la fachada de la “Casa de la Ciutat”

(24 julio 1713)

 

Cierto paralelo con la bandera de Santa Eulalia tiene una bandera de color azul con un monje que varios autores durante los siglos XVIII y XIX describen como bandera de la ciudad de Barcelona.

 

Fig. 62: Mortier (1719)

Fig. 63: Siegel, “Die Flagge” (1912)

 

En 1989, presenté una comunicación en el IV Congreso Nacional de Vexilología, que organizó la Sociedad Española de Vexilología en Alcalá de Henares, en la que analizé “Las banderas españolas del Steenbergen”. En la lámina XV, imagen 503 del libro de Steenbergen y con la descripción de Barcelona (Pabellón de ciudad) reproduce a nuestro monje en negro sobre blanco. Las conclusiones a las que llegué en 1989 siguen siendo válidas y las reproduzco a continuación:

 

“Pabellón enigmático y totalmente desconocido en fuentes barcelonesas. Lo he encontrado reproducido con la figura en negro sobre fondo azul en algunas láminas del s. XVIII y en Mortier (1719) Plancha LVI, con el texto: “Pavillon de Barcelonne. Ville d’Espagne. Il est bleu chargé d’un Moine vêtu de noir, tenant en la main droite un Chapelet, ou Pater-Noster”; y en L’Encyclopédie (1769) Plancha XVII-22, con el texto “Pavillon de la ville de Barcelona; il est bleu , chargé au milieu d’un moine vêtu de noir, tenant un chapelet”. El color azul coincide también con el indicado para las escuadras de Cataluña y del Mediterráneo en la Instrucción de 1674. También es azul el escudo asignado al Principado de Cataluña en un manuscrito que se conserva en la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (h. II-21), fol. 382-386: “campo de azul, con un obispo de oro, mitrado y sentado en silla de lo mismo teniendo un báculo en la mano. (Es San Cataldo)”. ¿Son estas armas inventadas?, probablemente sí. Y, en todo caso, ¿cómo este curioso y desconocido obispo San Cataldo –con resonancias etimológicas al propio nombre de Cataluña- renunció a su dignidad, se puso de pie, perdió su silla y se vistió de negro? Me parece que nos encontramos con otro caso de copia sistemática de fuentes erróneas. El único autor que conozco que coincide con Steenbergen en el color blanco del pabellón con la figura en negro es Norie (1848). También es blanca la bandera asignada a Barcelona en el manuscrito neerlandés de 1669-1670 estudiado y reeditado en 1966 por Klaes Sierksma: la lámina LXI presenta una bandera blanca con un gran escudo de la ciudad, cuartelado de cruz de San Jorge (señal de la ciudad) y cuatro palos rojos sobre oro (señal del rey), con un gran medallón central con una imagen que más parece Santa Eulalia que Nuestra Señora de la Merced, ambas patronas de la ciudad”.

 

Dieciséis años después de aquella comunicación −aclarando que la monumental obra de Steenbergen, publicada en 1866, Vlaggen van alle Natien. Pavillons de toutes les Nations. Flags of All Nations, es bastante fiable pues se basa en las notas que tomó durante largos años este marino neerlandés− puedo añadir que hasta la fecha no he encontrado ninguna relación del irlandés San Cataldo, obispo de Tarento, con Barcelona. También cabe resaltar que en el citado manuscrito de la biblioteca de El Escorial, las armas del Condado de Barcelona se describen de la siguiente forma: “escudo quartelado, I de plata con una cruz de gules sobre el todo, II armas de Aragón”

 

Durante los siglos XVIII y XIX, la ciudad se recupera de las cicatrices dejadas por la Guerra de Sucesión y su caída frente a las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick el 11 de septiembre de 1714. Así, se abre parcialmente el comercio con América en 1756, liberalizado totalmente en 1778; también se establecen las primeras fábricas textiles en 1737, que llegaron a 150 en 1805 y daban ocupación a unos 100.000 trabajadores; y junto con el boom de la construcción de finales del s. XVIII, propiciaron la creación de una clase de empresarios industriales que desencadenarían un siglo más tarde la revolución industrial (1833-1874), el derribo de las murallas (1855) y la extensión de la Ciudad por el llano que se extiende de rio a rio y hacia la sierra de Collserola.

 

Acción de la Real Compañía de Comercio (1756)

 

En cuanto a banderas, las referencias son prácticamente nulas y menor el número de imágenes. Tenemos que buscar en las monedas [Fig. 65-70] y en los sellos municipales [Fig. 71–72] para encontrar imágenes de escudos la época. (14) (15)

 

Carlos II: Croat (1687)

[Archiduque] Carlos III: Croat (1709)

 

 

[Archiduque] Carlos III: 1 diner (1710)

Fernando VI: 1 ardite (1756)

 

 

 

José Napoleón: 20 pesetas (1812)

José Napoleón: 4 quartos (1808)

 

 

Fernando VII: 6 quartos (1823)

 

Sello municipal (1817)

Sello municipal (1861)

 

Hacia finales del siglo XIX, y gracias al esfuerzo del alcalde Rius y Taulet, la ciudad dio un definitivo salto hacia adelante con la celebración de la Exposición Universal de 1888. En un documento familiar de 1885, firmado precisamente por Rius y Taulet, podemos observar el escudo de la ciudad tanto en el sello que avala la firma como en el timbre móvil de 15 pesetas que grava el documento.

 

En carteles de la época y en la invitación a la inauguración de la Exposición Universal también encontramos escudos de la ciudad